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martes, 2 de mayo de 2017

Considerando en frío, imparcialmente

Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
en constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo…

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza…

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que lo odio con afecto y que me es, en suma, indiferente…
Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.

¡Qué más da! Emocionado… Emocionado…

César Vallejo
Perú

domingo, 30 de abril de 2017

Amor


Cómo estás y me dices: con los nervios
a flote, me abandono enseguida y apenas
puedo seguir un orden, se me va
el santo al cielo. El aire tira
mucho, los arces cabecean. Recuerdo que llorabas
con un cuarteto para cuerda de Brahms
y de pronto pensé: lo que se eleva
es débil. Te rompiste. El viento desmelena
los arces del jardín. Sonríes. Lo mejor son
las nubes, dices, creo que lloverá. Y sonreímos.



Fermín Herrero

sábado, 22 de abril de 2017

"Nos une el espanto"

Las crónicas asépticas dicen que un cuerpo de Gendarmería Nacional ingresó el viernes 29 de enero de 2016 a las 21, a la Villa 1-11-14 en el Bajo Flores, Buenos Aires. Que los gendarmes informaron dos heridos de la fuerza y ese saldo fue repudiado por el Ministerio de Seguridad. Pero que, poco después, se conoció lo inexplicable: que en realidad, los gendarmes habían atacado con balas de goma y de plomo a una murga de la villa, llamada Los Auténticos Reyes del Ritmo, integrada por adultos, jóvenes y también niños. ¿Cómo defenderse ante el espanto? No hay muchas armas. Pero las pocas que existen están en alto.
Atenazada por ese espanto, la escritora Liliana Bodoc, cuya poesía se cuela página a página en sus maravillosas novelas (La saga de los confines, Memorias impuras, Tiempo de dragones, entre otras), decidió defenderse con la poesía. Y lo que hizo fue escribir, entonces, un poema que no se cobije en la prosa de uno de sus relatos o en la canción que entone alguno de sus personajes. Al parecer la mendocina ha creído que si la poesía es el mecanismo de defensa, debe ser blandido como tal. 




Los Auténticos Reyes de la Historia

por Liliana Bodoc

Me voy de carnaval
A murguear, a construir la fiesta.
¿Va a venir a escucharme? Yo soy de los que cantan.
«Vamos rojo al ritmo de la murga»
Me contaron que esto de la murga es viejo como usted.
¡No se me enoje!
Eso me hace feliz porque me da un pasado.
No un día sino muchos
Un pasado, ¿me entiende?
Un barrio como un mundo.
«Todos los domingos siempre voy a estar
Recordando siempre al que ya no está»
Me voy de carnaval, de redoblantes.
Burla para el infierno.
Me voy de mascarada a celebrar que somos los que fuimos.
Después pase un ratito y me saluda.
---------------
«Vamos rojo al ritmo de la murga»
Y de repente se rompió la risa.
Se deshizo la gracia.
¿Qué pasa?
¿Por qué duelen los cantos?
¿Quién golpea? ¿Quién corre?
Mi máscara chorrea por la frente.
¿Por qué, si estoy bailando?
-----------------
Mañana, cuando ya no tenga miedo
Voy a pensar despacio.
Mañana voy a entenderlo todo
Y que ¡Oh, dale oh!
No hay paliza más grande que una fiesta del pueblo.
¡Dale, oh! ¡Dale, oh!
Ellos van a pasar
Y la murga
Va a seguir calle arriba
Dale oh, dale oh                        
Hasta la vida.

domingo, 16 de abril de 2017

La noche de los bastones


Estoy cansado; pasé la noche .escribiendo a los maestros y ya debe ser  muy tarde. Soy un pobre minúsculo que cuando vi como recibían palos me volví hacia la sombra del escritorio pensando cosas sin esperanzas. Se me dio por apagar la luz para penetrar. aún más en el territorio de la oscuridad. Intuí que hace muchas horas que terminaron los ruidos de la cretina noche y el sol ya debe estar levantando.  Me lleno los pulmones con el primer aire que anuncia el amanecer. Antes de entrar en esta noche retinta, me llamó Ernestina para decirme que las estaban moliendo a palos en la plaza de los dos Congresos. Hasta me asombra haber demorado tanto tiempo en descubrirlo por televisión. Pero ahora siento que mi vida no es más que saltos, el paso de fracciones de tiempo, una y otra, una y otra, como el ruido de un reloj, el agua que corre. En la pileta del fondo hay una canilla que estuvo chorreando toda la noche sobre una cacerola sucia. Es molesta. Me cuesta mucho levantarme para cerrarla. Estoy tirado frente al escritorio y el tiempo pasa. Se me aparece la cara tensa de Ernestina esquivando golpes y junto a otras maestras gordas diciéndole a los policías: “Nosotras te enseñamos a leer”. Yo estoy deprimido y el tiempo se arrastra, indiferente, a mi derecha y a mi izquierda.

Esta fue la noche; quien no pudo sentirla así no la conoce. Todo en la vida es mierda y ahora estamos todos ciegos sin comprender.  Hay en el fondo, lejos, un coro de perros, algún zorzal canta de vez en cuando, al norte, al sur, en cualquier parte ignorada. La sirena de una ambulancia se repite sinuosa y muere a lo lejos. Desde la ventana de enfrente, atravesando el patio, se escucha el ronquido de un tipo. El cielo se empieza a mostrar pálido e inquietante, vigilando los grandes montones de sombra en el patio. Ha gritado la última golondrina que se va. Hay una humedad fría tocándome la frente. Mi interés fue siempre mirar qué hacen las manos de todo el mundo. Seguir la de los hacedores. Ver las manos de Ernestina manchadas  .de tiza blanca contra un oscuro pizarrón. Pero toda la noche fue inapresable, tensa, alargando su alma misteriosa en el molesto goteo de la canilla mal cerrada, en la pileta de portland del patio de ladrillos gastados. Soy un hombre que quedo solo, rodeado en la imprevisible nocturnidad. de la angustia. Ya nada tengo que ver con ella. He fumado hasta el fin, sin moverme, sin atreverme a cerrar el grifo. Todo es inútil y debo de tener por lo menos el valor de no usar pretextos. Despuntó un sol engañoso. Voy a tirarme en la cama, enfriado, muerto de cansancio, buscando dormirme antes de que llegue Ernestina, tal vez magullada, tal vez con heridas en las manos. Espero que cierre la canilla de la pileta, que sigue chorreando sobre la cacerola sucia. Un infierno.  
Intertexto     

domingo, 7 de agosto de 2016

Sobre la poesía

gelman_iii

habría un par de cosas que decir/
que nadie lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y
con el asunto de comer cada día/se trata
de un asunto importante/recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/
pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/
los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/
murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no
pajaritos como el tío juan/especialmente
porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje
hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que
les hacía pío-pío en la cabeza/el
tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero
volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/para un poeta es cada día más difícil
conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/
y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron
las muchachas/los almaceneros/los guerreros/los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/
lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/yo ahora
para que me quierás/

Juan Gelman - Argentina

martes, 2 de agosto de 2016

Cama rota


¿Quién destrozó la cama? ¿Algún monstruo de pesadilla?
¿Alguna gran langosta patizamba?

Ninguno lo sabía. Ninguno confesó.
Vivíamos felices en nuestra cama rota.
Cómo gemía cuando nos concentrábamos en nuestras devociones.

Reinaba un clima de mala suerte cuando llegó la nueva cama.
Un cielo gris, enfurruñado, y el resuello del trueno envolviendo las nubes.

Ahora me acuesto muy tarde, a solas,
incapaz de dormir bajo la marquesina roja de mi edredón,

deseando haber tenido cien hermanas, todas nosotras concebidas
en una sola noche, y un padre con sombrero
planeando de cama en cama rota, afrontando su gran tarea…

Pero así son las cosas.
Rompo un huevo tras otro con impaciencia, viendo
cómo las yemas caen a paso lento hacia el desagüe.

Pronto nos harán falta todas las vendas de Europa, ¿no crees?


Penelope Shuttle -

sábado, 30 de julio de 2016

El resplandor


tú en la madera
quiero que vivas en la madera del violín del desierto
alguien da órdenes a la luna
pero nada resplandece
si me muevo es de noche
si no me muevo es de noche
en el silencio están cavando un túnel para matar
no me calma la sonrisa ni su fijeza
en los dientes cada vez más blancos
de las Azafatas y de los Ministros
ciudades amarillas negras me arrastran
de un cuerpo a otro de un tren a otro
de un hospital a otro
(las enfermeras traban mi corazón
y me recortan en forma de mano que grita)
no puedo reunir mi alma
carteles luminosos titilan crímenes
se está borrando del suelo
el leve tatuaje de la aurora
esta ciudad tiene muros
y hombres muertos en la niñez de los árboles
yo me hechizo con los agujeros del fin del mundo
pero tú en la madera
quiero que vivas en la madera del violín del desierto
qué sonido furioso mientras hablo
expulsa al narrador de la pradera
qué lanas durmientes abren ese cuento
comido por la nieve
hablo con el motín de los perros del silencio
y las rodillas nucleares de la aurora
hundidas en el agua de los secretos
pero tú quiero que vivas
en la clarividencia del furor de las hierbas
dotado de alegría
y de un habla de emergencia para calmar
el fondo de la noche
ahora que escuchas a una mujer
que cruza con sus medias de fuego
el aire cada vez más oscuro
ahora que incubas por última vez
el llanto de todos los hombres
Dolores Etchecopar (Argentina, 1955), dedicó este poema a Andreï Tarkovski 
"Escribo para respirar, por rebelde, por amor, para salir de mi soledad sin traicionarla". D.E.